Luego de un par de décadas de la llegada del nuevo milenio, la palabra “vanguardia” luce tal vez demasiado gastada, demasiado usada. Dentro del seno del arte, especialmente del siglo XX, parece que los caminos “ya se han explorado”. El arte dadá, Dalí, Picasso, Artaud, Joyce, son signos cuyo esplendor parece irrepetible. Pero están los prodigios hechos por Stephen King, por Bolaño, Stieg Larsson, entre otros, aún asombran por su profundidad. ¿Realmente es posible innovar en los relatos de terror? Veamos.

¿Revisitar los clásicos?

Ya sea como extensión o intensidad, novela y cuento son a grandes rasgos, relatos que hablan con una tradición de prodigios: Poe, Lovecraft, Arthur Conan-Doyle, Mary Shelley, Bram Stoker. Al buen y sagaz comprar novela, leyendo una obra destacada, empezamos a meternos en un mundo donde los símbolos dialogan con lo antiguo y lo nuevo, y nos debe conducir a un ejercicio de descubrimiento de nosotros mismos. Tal ejercicio como este concurso de relatos, es una constante re-visita a los clásicos, pero con un aporte estilístico distinto.

 

Lo digital que permea en el lenguaje para crear otros nuevos

Un ejemplo paradigmático sobre cómo lo digital permite explorar nuevas posibilidades del lenguaje, es la novela “Los hombres que no amaban a las mujeres”, de Stieg Larsson. Así como existe el hecho gratuito y frívolo en torno al arte, también hay una voluntad de exploración y de riesgo con lo digital que va transformando la lengua, para la creación de nuevos lenguajes, nuevas aristas que configuran la dimensión humana múltiple de estos tiempos, y el concurso de relatos, entre otras herramientas, permiten tal exploración.

Contemporáneos y auténticos

A pesar de que “vanguardia” o “innovar” pretendan ser gastadas por la frivolidad y la inmediatez, hay obras que van configurando su contemporaneidad y su autenticidad, con su equilibrio en el seno de su lenguaje entre lo propio y lo ajeno, la tecnología y los arquetipos que se mantienen en el fondo de la gran mente universal que también nos pertenece. Vale el riesgo de ser contemporáneos y auténticos, así el género del terror se alimenta y permanece con su extraordinaria intensidad de organismo vivo, que se transforma con el paso del tiempo.